Un año dramático

En marzo de 1808 entraron 26.924 soldados extranjeros en Dinamarca. La mitad eran españoles. Los meses siguientes llegaron más. Eran los llamados spanioler, término danés para designar a los soldados españoles y los que vinieron con ellos, que llegaban con un séquito de asistentes, curas, cocineras, mujeres y niños.
Los soldados españoles fueron instalados temporalmente en Dinamarca por el emperador Napoleón. Quizá para ser utilizados en un ataque contra Suecia. Contrariamente al rey danés, que ya se veía abiertamente com el futuro rey de Suecia, los planes del emperador eran inescrutables.
La llegada de los españoles a Dinamarca comienza con una catástrofe y pronto se convierte en un escándalo. Durante su entrada en Rendsburg, el rey Christian se desploma y muere. Un maestro local recibe la noticia por parte de un soldado español que, poniendo la cabeza encima de la palma extendida de su mano, le dice con aire quejumbroso: “Le roi, kaput”. Fue la primera de una serie de anécdotas que acompañarán a los españoles hasta que, medio año después, desaparezcan de la historia de Dinamarca a bordo de barcos enemigos. El escándalo se hizo evidente, cuando la mayoría de los aliados españoles, en el verano de 1808, se levantaron en armas contra su mando francés y, de esa manera, renunciaron a su lealtad al rey danés.
Los rumores de una sublevación contra el rey francés habían llegado a Dinamarca.